RELATO ESPIRITUAL / El hombre ecuánime


[Cuento - Texto completo.]

Era un hombre viudo que vivía con su hijo. Contaban con un caballo, pero un día al ir al establo se dieron cuenta de que el caballo se había escapado. Entonces los hombres del pueblo vinieron a verle y le dijeron:

- ¡Qué mala suerte! Tenías solo un caballo y se ha ido.

- Así es, así es- dijo el hombre con tranquilidad.

Días después el caballo que se había escapado regresó con otro caballo.

La gente del pueblo le dijo:

- ¡Qué buena suerte la tuya! Ahora tienes dos caballos.

- Así es, así es- repuso el hombre serenamente.

Al tener dos caballos, padre e hijo salían juntos a cabalgar. Un día el caballo tiró al hijo y este se fracturó una pierna.

- ¡Vaya mala suerte la tuya!- le dijo la gente.

- Así es- dijo el hombre con calma.

Días después el país entró en guerra. Todos los jóvenes fueron alistados, menos el muchacho herido. Los lugareños visitaron al padre para decirle:

- ¡Qué suerte tan increíble! Tú hijo se ha librado ir a la guerra.

- Así es, así es.

La ecuanimidad surge al asumir conscientemente lo inevitable sin que el ánimo se turbe. Todo fluye, todo se modifica, todo cambia. En realidad, a la larga, nada permanece. La persona ecuánime comprende esta verdad, por eso mantiene el ánimo sosegado aún en las circunstancias más difíciles.

La ecuanimidad es aceptar en paz el misterio de las circunstancias de la vida, tal como suceden sin juzgar. Es mantener la mente firme, el estado de ánimo estable, equilibrado ante las adversidades, ante el elogio o el insulto, la ganancia o la pérdida, lo agradable y lo desagradable

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